Este libro es una invitación a compartir una mirada crítica sobre la Ciudad, esa suerte de "Gran Casa" para quienes allí vivimos.En general es bien poco lo que se conoce de ella más allá de los círculos de especialistas. Es sabido que quienes no son expertos en planeamiento urbano, profesionales... Ver más
Este libro es una invitación a compartir una mirada
crítica sobre la Ciudad, esa suerte de “Gran Casa” para
quienes allí vivimos.En general es bien poco lo que se
conoce de ella más allá de los círculos de especialistas.
Es sabido que quienes no son expertos en planeamiento
urbano, profesionales de la construcción, participantes
del mundo de los negocios que giran alrededor del tema, o
al menos interesados en estas cuestiones con acceso a
publicaciones especializadas, difícilmente puedan estar
al tanto de lo que (les) está pasando con el devenir de
la (su) ciudad y de lo que hay en juego. El espacio
urbano condiciona, y hasta cierto punto determina, nada
más y nada menos que nuestro Habitar en el mundo. El
des-conocimiento generalmente produce des-interés. En
este caso desinterés sobre el presente y futuro de ese
organismo vivo y en continuo desarrollo que ese “Gran
Hogar” que compartimos y podría compararse, salvando las
distancias, con el consorcio de copropietarios de un
edificio en el cual todos y cada uno se despreocuparan
absolutamente de lo que sucede en el mismo, mientras el
administrador hace y deshace a su gusto. El desarrollo de
la ciudad no es perceptible de un día para el otro. Se
asemeja al crecimiento del césped en un jardín, en el que
por la mañana no se puede advertir lo que ha crecido
durante la noche. Pero si ese jardín es abandonado, al
tiempo se podrá ver cómo ha perdido sus calidades y
cualidades esenciales. Es imperioso prestar atención a
numerosas voces autorizadas que advierten, desde
distintos ámbitos, a todo nivel y a escala global, sobre
la necesidad de dar un golpe de timón antes de que sea
demasiado tarde. En este libro se muestra que, según el
modelo de crecimiento de los conglomerados urbanos y del
tipo de vivienda que predomine en la astronómica
proliferación de unidades que se avecina para atender el
crecimiento demográfico global, nuestro Habitar podrá
tener mayor o menor calidad de vida o encaminarse hacia
alguna distopía deshumanizada y alienante que dejaremos
como herencia a nuestros hijos.Hablar de Ciudad es
también hablar de Vivienda, ambas son como dos caras de
una misma moneda. La Ciudad hace Vivienda y la Vivienda
hace Ciudad.La construcción de viviendas está bien lejos
de alcanzar el horizonte tecnológico del resto de las
industrias productoras de bienes manufacturados. Todas
las ramas industriales se benefician, de una forma u otra
del colosal desarrollo de la ciencia y la técnica
producido en las últimas décadas, y el resultado es que
pueden satisfacer la demanda masiva de sus productos en
términos de cantidad, calidad y precio. Pero este sector
no consigue encajar en ese ciclo virtuoso de
investigaciones, descubrimientos e innovaciones, por el
contrario, las técnicas de construcción dominantes son
tradicionales artesanales que perduran desde hace cien
años.