La mirada de Mario Eduardo Firmenich sobre la historia argentina. De la insurrección de Túpac Amaru en adelante, el enfrentamiento continuo entre dos ideas de país y "250 años de guerra civil intermitente". En la gran insurrección de Túpac Amaru están los orígenes de todas las luchas de nuestra historia... Ver más
La mirada de Mario Eduardo Firmenich sobre la historia argentina. De la insurrección de Túpac Amaru en adelante, el enfrentamiento continuo entre dos ideas de país y “250 años de guerra civil intermitente”.
En la gran insurrección de Túpac Amaru están los orígenes de todas las luchas de nuestra historia contra el colonialismo español y contra el neocolonialismo británico y norteamericano. En el asesinato de Túpac Amaru, descuartizándolo vivo, propio de torturadores inhumanos, bajo la fachada de un juicio legal, están los orígenes del terrorismo de Estado. Es el guion de una película que hemos visto muchas veces. Desde 1778 hasta 2025 han pasado casi 250 años. La historia es la vida de un pueblo que fluye. Hay un flujo histórico continuo del pueblo que implica cambios en la sociedad, pero que a la vez es continuidad cultural de sus antepasados. Por eso hablamos de la continuidad de una línea nacional y popular a pesar de los cambios sociológicos y tecnológicos. Los dos siglos y medio que llevamos intentando constituir una gran nación están signados por el enfrentamiento continuo entre dos ideas de país. La ambición soberana de una Patria Grande con desarrollo económico independiente y justicia social enfrentada con el sueño de una “economía agroexportadora próspera”, dependiente de una potencia “civilizada” y con un pueblo trabajador que se conforme con “lo que hay”. Si ignoramos nuestros orígenes no sabemos de quiénes descendemos ni qué herencias nos dejaron. Si no heredamos de nuestros antepasados ni cultura, ni grandezas históricas, ni valores morales, ni dignidad honrosa, no tendremos ninguna identidad. Sin la identidad de la herencia cultural de nuestra historia no somos nada. El reiterado “gran desacuerdo nacional” entre esas dos ideas genéricas de país evidencia que Argentina nunca tuvo un Contrato Social. Ninguno de los bandos planteó la cuestión en estos términos. En esta ausencia existencial están los orígenes históricos de 250 años de guerra civil intermitente. La historia no es el pasado que nunca volverá. La importancia de comprender políticamente los orígenes de la historia pasada es iluminar la construcción de la historia futura.
M.E.F.