¡Ana Paula Maia vuelve a sorprendernos! Llega Búfalos salvajes, una novela tan atrapante como vertiginosa, traducida por Mario Cámara, que se suma a la extensa obra de la autora brasileña publicada por Eterna Cadencia Editora: De ganados y de hombres (2015), Así en la tierra como debajo de la tierra... Ver más
¡Ana Paula Maia vuelve a sorprendernos! Llega Búfalos
salvajes, una novela tan atrapante como vertiginosa,
traducida por Mario Cámara, que se suma a la extensa obra
de la autora brasileña publicada por Eterna Cadencia
Editora: De ganados y de hombres (2015), Así en la tierra
como debajo de la tierra (2017), Entierre a sus muertos
(2019) y De cada quinientos un alma (2022).
Un año después de los acontecimientos narrados en su
último libro, el fin del mundo no sucedió, pero la tierra
se vio sacudida por muertes y devastaciones. Fueron
tiempos oscuros, en los que solo unos pocos se animaron a
hacer lo que nadie podía. Edgar Wilson figura entre estos
elegidos. Sin embargo, ya está cansado de recorrer las
rutas recolectando animales muertos.
Cuando encuentra el cadáver de un payaso al costado del
camino cree que la situación no da para más, y entonces
le llega una propuesta inmejorable: Espartacus tiene una
importante cantidad de búfalos salvajes que desea criar
en el matadero de Milo. Edgar Wilson acepta volver a su
viejo trabajo de aturdidor junto con Bronco Gil y el
exsacerdote Tomás, pero las cosas se complican. El
matadero de Milo ahora está regenteado por Rosario, su
viuda, quien le alquiló la mitad del terreno al Circo de
las Revelaciones, un macabro espectáculo que tiene como
principal atracción a Azalea, una joven que predice el
futuro.
En esta zona compartida entre el matadero y el circo, Ana
Paula Maia encuentra la ocasión perfecta para indagar en
la relación entre lo humano y lo animal, la explotación y
la precariedad de la vida, lo sobrenatural siempre en
tensión con lo religioso.
Búfalos salvajes se vuelve una historia vertiginosa y
atrapante que nos desafía a enfrentar aquello que no
vemos porque solo nos permitimos ver lo conocido.